Página literaria
Es idea de los redactores de esta web traer ante los lectores páginas poco conocidas dedicadas al Rocío, para, por un lado sacar del olvido ese tesoro oculto, y por otro, el que al suscitar interés por una determinada obra pueda impulsar su reedición.
Mira y dime si en el mundo antero hay catedral semejante a la de la Blanca Paloma;
cúpulas de sol, columnas de palmeras y pinos, palios de acebuches,
púlpitos de rosales y madreselvas, altares de carretas, coros con sitiales de lentiscos,
atriles de jaras floridas, alfombras de flores y juncia, reclinatorios de romero,
custodia de luna llena, cálices de lirios, lámparas de estrellas, incensarios de corazones,
incienso de coplas, ornamentos con flecos y volantes y músicas tamborilera de sevillanas y cante flamenco.
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En tan grandiosa y bonita catedral, la carreta y el caballo, las mocitas y sus novios, el baile y la copla, tienen
mucho de florero y candelabro, de flores y cirios, de danza y antífona. Los tamborileros se convierten automáticamente en beneficiados organistas;
los hermanos mayores, como en canónigos de un cabildo gitano; y las coplas, en el "gloria" unas veces y en el "credo" otras, de una misa cantada a
toda orquesta, escrita con notas de lunares en pentagrama de faralaes. Hasta el comer y beber parecen como ritos de un culto ni ciertamente sagrado,
ni absolutamente profano; acaso su nombre justo sea el de rociero
De: "Te canto por Alegrías, Mare mía del Rocío". SEBASTIÁN DE VILLAVICIOSA, Sevilla, 1958.